The Corbett Report: cómo y por qué las grandes petroleras conquistaron el mundo
Cómo las grandes petroleras conquistaron el mundo
Original: https://www.corbettreport.com/bigoil/
El petróleo. De la granja al fármaco, del camión diésel al plato de la cena, del oleoducto al producto de plástico: es imposible pensar en un ámbito de nuestra vida moderna que no esté afectado por la industria petroquímica. La historia del petróleo es la historia del mundo moderno.
Algunas partes de esa historia son bien conocidas: Rockefeller y la Standard Oil; el motor de combustión interna y la transformación del transporte mundial; la Casa de Saud y las guerras del petróleo en Oriente Medio.
Otras son más oscuras: la búsqueda de petróleo y el estallido de la Primera Guerra Mundial; los intereses petroquímicos detrás de la medicina moderna; el dinero de las grandes petroleras detrás de la «Revolución Verde» y la «Revolución Genética».
Pero esa historia, bien contada, empieza en un lugar inesperado. No en Pensilvania, con la primera perforación comercial y el primer boom petrolero, sino en los rincones rurales del estado de Nueva York de principios del siglo XIX. Y no empieza con el crudo ni con sus derivados, sino con un producto completamente distinto: el aceite de serpiente, el remedio milagro de los charlatanes.
El «Dr. Bill Livingston, célebre especialista en cáncer» era la viva imagen del charlatán ambulante que vendía remedios milagrosos. No era ni médico ni especialista en cáncer; ni siquiera se llamaba Livingston. Y, sobre todo, el tónico «Rock Oil» que vendía era una mezcla inútil de laxante y petróleo que no tenía efecto alguno sobre el cáncer de los pobres lugareños a los que engañaba para que lo compraran.
Vivía como un vagabundo, siempre huyendo del último grupo de personas al que había engañado y metido en engaños cada vez más escandalosos para que el pasado no le alcanzara. Abandonó a su primera esposa y a sus seis hijos para contraer un matrimonio bígamo en Canadá, al mismo tiempo que tenía otros dos hijos con una tercera mujer. Adoptó el nombre de «Livingston» después de ser acusado de violar a una muchacha en Cayuga en 1849.
Cuando no huía de ellos ni desaparecía durante años, enseñaba a sus hijos los trucos de su traicionero oficio. En una ocasión presumió de su método de crianza: «Engaño a mis chicos cada vez que puedo. Quiero que sean listos».
Un hombre imponente, de más de un metro ochenta y con un atractivo natural que sabía aprovechar, se hacía llamar «Big Bill». Otros, menos generosos, lo llamaban «Devil Bill» (Bill el Diablo). Pero su verdadero nombre era William Avery Rockefeller, y fue su hijo, John D. Rockefeller, quien fundaría el monopolio de la Standard Oil y se convertiría en el primer milmillonario del mundo.
El mundo en el que vivimos hoy es el mundo creado a imagen y semejanza de «Devil» Bill. Es un mundo fundado en la traición, el engaño y la ingenuidad de un público que nunca ha caído en la cuenta de los trucos de salón que los Rockefeller y los de su clase llevan siglo y medio utilizando para moldear el mundo.
Esta es la historia de la petroligarquía.
Por qué las grandes petroleras conquistaron el mundo
En los albores del siglo XX estaba surgiendo un nuevo orden internacional. Un orden basado en el petróleo. Y a finales del siglo XX, ese orden estaba firmemente establecido. Calefacción. Transporte. Energía industrial. Fabricación de plásticos. Productos farmacéuticos. No hay faceta de la vida moderna que no dependa, de un modo u otro, del petróleo.
Pero los dueños de esta petroligarquía —los Rockefeller en la Standard Oil, la realeza británica en BP, la realeza neerlandesa y los Rothschild en la Royal Dutch Shell— no se conformaron con el mero dominio financiero. El poder que les daba su monopolio casi total sobre la materia prima más importante del mundo era enorme, y no tuvieron reparos en usarlo para rehacer el mundo a su imagen.
Como vimos en «Cómo las grandes petroleras conquistaron el mundo», el impacto de los petroligarcas ha sido asombroso. Desde el sistema educativo hasta la profesión médica, desde la «Revolución Verde» hasta la «Revolución Genética», desde la Guerra Mundial hasta la Guerra del Golfo, el dinero del petróleo se ha utilizado para moldear cada aspecto del mundo en que vivimos. Con el auge del petrodólar en la década de 1970, incluso el propio sistema monetario internacional descansa sobre el petróleo.
Pero ahora, en el siglo XXI, parece que el viejo orden, el orden del petróleo, llega por fin a su fin.
Las masas, que han identificado a los petroligarcas y su destructivo dominio sobre el planeta, ven declinar a las grandes petroleras y han empezado a celebrarlo. Para ellas, la promesa de un futuro poscarbono representa el fin de la petroligarquía.
Lo que muchos no comprenden, sin embargo, es que el orden del petróleo nunca tuvo que ver con el petróleo. A los petroligarcas no les importaba el petróleo, sino el control. Y, habiendo superado hace tiempo su dependencia financiera de la materia prima que les dio poder y riqueza, están a la vanguardia de este impulso hacia la era poscarbono.
Ahora, los petroligarcas buscan instaurar un nuevo orden internacional. Uno en el que su control esté consolidado, su plan completado y su poder sea incuestionable. Uno en el que cada aspecto de la vida humana, desde la energía hasta el dinero y el propio genoma, esté ordenado con precisión y controlado tecnológicamente.
Esta es la historia de lo que los petroligarcas desean realmente, y de cómo planean conseguirlo.





