
Las vacunas contra el virus del papiloma humano (VPH) no justifican una recomendación general
Este artículo debería frenar a todo médico vacunador ante la vacuna contra el VPH. Porque Michael Palmer, con su estilo sobrio, consigue plantear en pocos párrafos las cuestiones de fondo más importantes sobre la vacunación contra el VPH de tal manera que a cualquiera le tiene que quedar claro que la eficacia y la seguridad de estas inyecciones son sumamente dudosas.
Robert Cibis
Por Prof. Dr. Michael Palmer
Una vez más está en marcha una campaña para vacunar a niños y adolescentes contra la infección por el virus del papiloma humano (VPH).1 Pero ¿tiene esta campaña realmente una base científica sólida? Este artículo expone que no existe una necesidad urgente de esta vacunación y que, además, las vacunas disponibles hasta ahora no han demostrado ser ni eficaces ni seguras. Al contrario: los escasos datos disponibles sobre la seguridad de las vacunas dan motivos de seria preocupación. Por lo tanto, no se puede justificar una recomendación general.
Observación preliminar
Este resumen se basa en un informe más detallado, publicado recientemente, de la científica croata Dra. Lucija Tomljenovic.2 El artículo de la Dra. Tomljenovic remite además a informes más extensos escritos por ella misma y por otros científicos experimentados. Todos estos documentos (en inglés) son de libre acceso en internet, al igual que la mayor parte de la bibliografía a la que hacen referencia.
El virus
Los virus del papiloma humano pertenecen a una familia de virus de ADN. Infectan principalmente la piel y las mucosas. Estas infecciones suelen manifestarse en forma de verrugas. Las verrugas de la piel son inofensivas; pueden persistir durante un tiempo, pero por lo general desaparecen por sí solas cuando el sistema inmunitario logra finalmente combatirlas. Las verrugas de las mucosas pueden afectar a los genitales, al ano y a la boca y la garganta. Se transmiten habitualmente por contacto íntimo. También estas desaparecen a menudo de forma espontánea. En algunos casos, sin embargo, no solo persisten, sino que pueden evolucionar hacia un cáncer. Esto ocurre con mayor frecuencia en el cuello uterino, pero también pueden verse afectadas las demás zonas del cuerpo mencionadas. La probabilidad de que una simple infección evolucione hacia un cáncer depende en gran medida del subtipo del virus. Entre los subtipos asociados al cáncer, el VPH-16 y el VPH-18 son los más frecuentes en personas no vacunadas. En las personas vacunadas contra estos dos subtipos aparecen con relativa mayor frecuencia otros subtipos.
El objetivo de la vacunación
El objetivo declarado de la vacunación contra el VPH es la prevención del cáncer, en particular del cáncer de cuello uterino en las mujeres. Una vacuna anterior, introducida en 2006, solo estaba dirigida contra los subtipos 16 y 18 mencionados. Hoy se utilizan vacunas que abarcan hasta nueve subtipos distintos del virus. La vacunación se recomienda sobre todo para niños y adolescentes antes del inicio de su vida sexual.
¿Hasta qué punto protege la vacuna contra el cáncer?
Evaluar la eficacia de la vacuna contra el cáncer no es del todo sencillo, por las siguientes razones:
- el largo período de latencia entre la infección y la aparición del cáncer. Aunque la vacuna evitara todas las infecciones por todos los subtipos de VPH cancerígenos, solo cabría esperar un efecto notable en el número de casos de cáncer con un retraso de varios años;
- el considerable potencial de sesgo estadístico debido a variables como la participación en programas de cribado, que en el caso del cáncer de cuello uterino son notablemente eficaces.
Debido al largo período de latencia del cáncer, la mayoría de los estudios sobre la eficacia de la vacuna se basan en otros criterios de valoración, es decir, en la propia infección o en alteraciones celulares que todavía no se clasifican como cáncer («neoplasia intraepitelial cervical», denominada habitualmente displasia). Hay que tener en cuenta, sin embargo, que las displasias en fase temprana todavía pueden remitir de forma espontánea, igual que las verrugas. Entre los estudios que han intentado evaluar la prevención del cáncer invasivo «verdadero», el de Lei et al. de 2020 es el más optimista.3 Estos autores analizaron datos de 1,6 millones de niñas y mujeres suecas de entre 10 y 30 años. El análisis abarcó el período de 2006 a 2017. Concluyeron que la incidencia del cáncer se redujo en un 88 por ciento entre quienes se habían vacunado antes de los 17 años. Otro estudio, que analizó los resultados de unas 350.000 mujeres jóvenes de España, Inglaterra y Noruega, informó de un efecto bastante más modesto: tras la vacunación se observó una reducción de las displasias de alrededor del 40 por ciento. El número de casos de cáncer invasivo era demasiado pequeño para un análisis estadístico (menos de 5 en total).4 Es del todo razonable suponer que la vacunación reduciría el número de cánceres invasivos en una medida similar a la de las displasias. Pero no es una conclusión obligada, ya que la detección de una displasia en el cribado iría seguida de un tratamiento para evitar que progrese hacia un cáncer real. Cabe señalar también que el optimista estudio de Lei et al. citado no tuvo en cuenta la participación de las mujeres y niñas en esos programas de cribado. Es lógico pensar que las mujeres que optan por vacunarse también acuden con más frecuencia al cribado. Un efecto así podría distorsionar considerablemente los resultados del estudio.
Un enfoque que difícilmente se vería afectado por este sesgo consiste en comparar distintos tipos de cáncer de cuello uterino que pueden diferenciarse histológicamente (es decir, mediante el examen microscópico del tejido). Los dos tipos más frecuentes se denominan carcinoma de células escamosas y adenocarcinoma. En ambos se detecta el VPH en el tejido tumoral en más del 90 por ciento de los casos. Existe además un «grupo mixto» de tipos histológicos más raros, muchos de los cuales no están asociados al VPH. Aunque no es del todo sencillo determinar la proporción exacta de casos negativos para el VPH entre estas otras formas, probablemente sea inferior al 50 por ciento. Por tanto, si la vacuna contra el VPH protegiera contra el cáncer relacionado con el VPH, el número de adenocarcinomas y carcinomas de células escamosas, en su mayoría positivos para el VPH, debería disminuir más deprisa que el de las variantes raras, a menudo negativas para el VPH. En consecuencia, la proporción relativa de los tipos raros en el total debería aumentar con el tiempo. Sin embargo, no es eso lo que se observa: aunque la incidencia global del cáncer de cuello uterino entre las mujeres jóvenes de Estados Unidos ha descendido de forma notable desde 1999, la incidencia de los tipos raros ha disminuido aún más deprisa, y su proporción se redujo aproximadamente a la mitad entre 1999 y 2022 (figura 1).

Figura 1: Incidencia del cáncer de cuello uterino en mujeres de 15 a 29 años en Estados Unidos entre 1999 y 2022, según el tipo histológico. Izquierda: datos de la figura S2 del estudio de Gopalani et al. (2026).5 Derecha: proporción de los tipos histológicos raros sobre el total de carcinomas de cuello uterino. La línea de tendencia es una regresión lineal.
Fuente de la imagen: Michael Palmer
¿A qué podría deberse el notable descenso global de la incidencia del cáncer de cuello uterino? Lo más probable es que se deba a un mayor cribado. En consonancia con esta hipótesis, la incidencia de los cánceres relacionados con el VPH para los que no existe cribado, como los cánceres de pene, de ano y de orofaringe, se ha mantenido constante o incluso ha aumentado en las últimas décadas. Donde hay datos disponibles, esto vale también para los hombres jóvenes, que probablemente han recibido la vacuna contra el VPH con más frecuencia que los hombres mayores. Es cierto que los datos disponibles son en conjunto tan escasos que no puede afirmarse con seguridad que la vacuna contra el VPH no tenga ningún efecto preventivo frente a estos tipos de cáncer. Pero lo contrario es igualmente cierto: al igual que en el cáncer de cuello uterino, tampoco aquí puede demostrarse un efecto preventivo.
¿Qué conclusiones debemos sacar de los escasos datos sobre la prevención del cáncer?
Como actualmente no hay pruebas de que la vacuna contra el VPH proteja de forma fiable contra el cáncer de cuello uterino, no puede sustituir al cribado periódico. Además, ese cribado es eficaz y sencillo. En general, cabe señalar que todos los cánceres frecuentes relacionados con el VPH aparecen en partes del cuerpo de fácil acceso. Al igual que el cáncer de cuello uterino, los cánceres de ano, de orofaringe o de pene podrían detectarse, en principio, en una fase temprana mediante el cribado. Si se considera que ese cribado no es necesario, entonces presumiblemente tampoco existe una necesidad urgente de una vacunación preventiva.
Las vacunas contra el VPH
Las vacunas contra el VPH emplean una tecnología interesante conocida como «partículas similares a virus». Estas partículas sintéticas se parecen a los virus en tamaño y forma y, al igual que los virus reales, llevan en su superficie un gran número de moléculas proteicas antigénicas. Nuestro sistema inmunitario está preparado para responder con fuerza a los virus naturales, y las vacunas que imitan su estructura también provocan una respuesta inmunitaria intensa. A diferencia de los virus reales, sin embargo, estas partículas vacunales no contienen copias del genoma viral; no deben confundirse con las vacunas vivas convencionales ni con las vacunas de adenovirus, como las tóxicas vacunas contra la COVID-19 de AstraZeneca y Janssen.
Además de esta forma muy eficaz de presentar el antígeno, las vacunas contra el VPH contienen un adyuvante a base de aluminio muy potente. Este actúa como un estímulo inflamatorio inespecífico. La inflamación así provocada refuerza todavía más la respuesta inmunitaria frente al antígeno. En conjunto, tanto la preparación del antígeno como el adyuvante están concebidos para provocar una respuesta inmunitaria intensa. Aunque a primera vista esto pueda parecer positivo, también entraña riesgos.
El riesgo de reacciones inmunológicas cruzadas
Nuestro sistema inmunitario dispone de muchas armas poderosas con las que puede atacar a toda clase de microbios, como bacterias, hongos, parásitos y virus. Para combatir los virus, destruye también células de nuestro propio cuerpo que reconoce como infectadas por un virus. Naturalmente, estas armas deben manejarse con gran cuidado para no causarnos daño a nosotros mismos. La capacidad del sistema inmunitario para distinguir entre lo «propio» y lo «ajeno» es realmente notable. Aun así, pueden producirse errores. Ciertos antígenos microbianos desencadenan respuestas inmunitarias que no solo atacan al microbio en cuestión, sino también a moléculas y células propias del cuerpo. Un ejemplo conocido son las infecciones estreptocócicas de la garganta o de la piel. Estas infecciones suelen curarse solas y además pueden tratarse eficazmente con penicilina; en la mayoría de los casos se resuelven sin consecuencias duraderas. En algunos pacientes, sin embargo, la infección va seguida de una enfermedad grave conocida como fiebre reumática aguda. En ella, la respuesta inmunitaria desencadenada por la infección se dirige también contra antígenos propios del corazón, las articulaciones, los riñones o incluso el sistema nervioso central. Esto provoca daños graves en esos órganos. Otros ejemplos son la artritis reactiva aguda, desencadenada por infecciones intestinales por bacterias Campylobacter o Yersinia, y el síndrome de Guillain-Barré, un trastorno grave del sistema nervioso periférico que puede aparecer, por ejemplo, tras una infección por el virus de Epstein-Barr.
El riesgo de estas reacciones cruzadas dañinas depende siempre en gran medida de las características genéticas individuales, en particular de la combinación de antígenos de histocompatibilidad de cada persona. Son exactamente los mismos marcadores genéticos que determinan la compatibilidad en los trasplantes de órganos. Seguramente sabe usted que estos antígenos son muy variables. Es sumamente improbable que a mi vecino y a mí nos convenga donarnos médula ósea el uno al otro. Igual de improbable es que seamos propensos exactamente a las mismas enfermedades autoinmunes desencadenadas por agentes infecciosos. Exactamente lo mismo vale para las enfermedades autoinmunes desencadenadas por vacunas. De ello se deduce que probar una vacuna nueva en un grupo relativamente pequeño de voluntarios no permite determinar de forma fiable el riesgo de efectos adversos debidos a reacciones inmunológicas cruzadas. Y hay otro aspecto a tener en cuenta: los patógenos naturales han estado presentes a lo largo de toda la evolución humana; por eso, las reacciones adversas más graves probablemente ya han sido eliminadas por la selección natural. Esto no vale, sin embargo, para las preparaciones artificiales de antígenos, es decir, para las vacunas. Los virus del papiloma también son antiquísimos, por supuesto, pero una infección natural por uno de ellos se limita a uno o a unos pocos puntos de la piel o de una mucosa y provoca, como mucho, una respuesta inmunitaria atenuada, como muestra la persistencia a menudo prolongada de estas infecciones. Esto no puede compararse con la inyección sistémica de una gran cantidad de antígeno del virus del papiloma junto con un adyuvante potente. Esto último plantea a nuestro sistema inmunitario un desafío completamente nuevo, con riesgos imprevisibles.6
¿Puede la vacuna contra el VPH provocar reacciones cruzadas dañinas?
Sí, puede. Aunque es difícil decir con exactitud con qué frecuencia ocurre, el hecho en sí ha quedado demostrado mediante un análisis estadístico de las notificaciones recogidas por el sistema estadounidense de notificación de efectos adversos de las vacunas («Vaccine Adverse Event Reporting System», VAERS). Para entender la base de este análisis, hay que dar un paso atrás. La finalidad del VAERS es registrar los casos sospechosos de efectos adversos aparecidos tras una vacunación. Aunque esto es útil, está sujeto a limitaciones importantes:
- No todos los incidentes que se producen se notifican. El porcentaje de casos notificados probablemente sea de un solo dígito;
- Algunos de los sucesos notificados pueden no haber sido causados realmente por la vacuna en cuestión, sino haberse producido por pura casualidad poco después de la vacunación.
Por tanto, no podemos tomar al pie de la letra las cifras de estas notificaciones registradas por el VAERS para una vacuna concreta. Es lógico pensar, sin embargo, que la proporción de notificaciones puramente casuales no debería depender de la vacuna de que se trate. Así pues, si un suceso concreto se notifica con más frecuencia tras una vacuna determinada que, por término medio, tras las demás vacunas, podemos considerar al menos ese exceso de notificaciones como real y significativo.
La Dra. Tomljenovic realizó un minucioso estudio comparativo basado en este principio. Comprobó que ciertos efectos adversos se notificaban con una frecuencia significativamente mayor tras la vacunación contra el VPH que tras todas las demás vacunas juntas (con excepción de las vacunas contra la COVID-19; véase la figura 2). Entre estos sucesos destaca un número llamativamente alto de enfermedades autoinmunes, por ejemplo lupus eritematoso, artritis, esclerosis múltiple y alopecia. También son más frecuentes los trastornos hormonales y los del sistema nervioso autónomo, así como las trombosis y las embolias. Encontrará más detalles en el informe citado en la nota 1. Estos resultados aportan sólidos indicios de un potencial considerable de mecanismos de daño inmunológico.

Figura 2: Resultados seleccionados del análisis de las notificaciones del VAERS sobre la vacunación contra el VPH, para el período de 2006 a marzo de 2025, en personas vacunadas de 6 a 29 años de sexo masculino y femenino (MF) o solo de sexo femenino (F). Los valores del eje X indican el factor en que el trastorno o la enfermedad correspondiente está sobrerrepresentado en las notificaciones sobre las vacunas contra el VPH. Las líneas horizontales indican los intervalos de confianza del 95 por ciento. La primera enfermedad de la lista (taquicardia) no está sobrerrepresentada; por tanto, no puede considerarse demostrada por este análisis. Todas las demás enfermedades están sobrerrepresentadas de forma estadísticamente significativa.
Fuente de la imagen: Michael Palmer
Conclusión
Aunque en principio es plausible que las vacunas contra el VPH puedan reducir a largo plazo la incidencia de los cánceres causados por infecciones por VPH, esto no puede demostrarse con claridad a partir de los datos disponibles actualmente. Esto puede deberse a un período de latencia de varios años entre la infección y un cáncer clínicamente detectable. Pero ese desfase temporal significa también que hay tiempo suficiente para detectar y tratar el cáncer en una fase precancerosa o temprana mediante el cribado periódico. Por otro lado, existe un riesgo serio de reacciones adversas graves a la vacuna, aunque este riesgo no pueda cuantificarse con precisión a partir de los escasos datos disponibles. Por tanto, en la actualidad no pueden evaluarse con exactitud ni los beneficios ni los riesgos. Sobre esta base, sin embargo, estas vacunas no pueden recomendarse a la población general.
Fuentes y notas
- Véase, por ejemplo, https://www.bayern.de/gerlach-setzt-bei-der-krebspraevention-verstaerkt-auch-auf-hpv-schulimpfaktionen-bayerns-gesundheitsministerin-modellprojekte-in-rosenheim-und-aschaffenburg-sind-erfolgreich-verlaufen/ y https://www.mdr.de/nachrichten/deutschland/gesellschaft/hpv-impfung-gebaermutterhalskrebs-100.html ↩︎
- Tomljenovic, L. (2026) Public Comment: Human Papillomavirus Vaccine (HPV)
https://archive.org/details/tomljenovic-white-paper ↩︎ - Lei, J. et al. (2020) HPV Vaccination and the Risk of Invasive Cervical Cancer. N. Engl. J. Med. 383:1340–1348
http://dx.doi.org/10.1056/NEJMoa1917338 ↩︎ - Alcalde-Herraiz, M. et al. (2026) The effectiveness of HPV vaccination against invasive cervical cancer and related precancerous lesions: a multinational target trial emulation study. Lancet Prim. Care 2:100114
http://dx.doi.org/10.1016/j.lanprc.2026.100114 ↩︎ - Gopalani, S.V. et al. (2026) Declines in cervical cancer incidence among young women in the United States. J. Natl. Cancer Inst. 118:941–946
https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/?term=41883186 ↩︎ - La vacuna «más natural» jamás inventada es probablemente la vacuna viva contra la poliomielitis, que imita no solo al patógeno natural en sí, sino también su vía de transmisión. ↩︎
No se pierda ningún programa
Nuevas películas, programas y artículos por correo: gratis, puede darse de baja en cualquier momento.










